30.9.10

INNECESARIO

Tocaron la puerta. Yo limpiaba mi casa, música de caballos salvajes sonaban en mis audífonos. El cable que los conecta al reproductor por momentos provoca pequeñas interferencias. Ya están viejos y pasados de moda. Quiero unos nuevos. Son demasiado caros como todo lo que quiero pero no necesito y que a veces me compro. Ya tendré el dinero cuando termine de pagar mi último extra financiamiento. No era a eso a lo que iba. Era a los caballos salvajes. Era al viejo que tocaba en la puerta. Eso de no vivir en un "residencial" hace que uno esté expuesto al contacto con la gente que deambula por la calle. Así, me ha tocado que atender al de la basura que pasa dos dias a la semana a las seis. A los marchantes con su escobas y lazos a la espalda, a los vendedores que me informan que dadas las ultimas reparaciones frente a mi casa cualquier conexión que necesite ahora será subterránea. Supongo que se refería a ese par de días que pasaron haciendo una zanja. El televisor quedó con una capa de polvo de distinto color al que se acumula en la semana. La otra vez vinieron de la iglesia vecina, estaban haciendo un censo, les dije que pasaran otro día cuando hubiera alguien más en casa. Abrir la puerta es ver gente pasando. Es ver a colegialas dandose de besos con sus novios a las siete menos cuarto de la mañana. Oficinistas dejando sus carros sobre la acera, el que los lava y los cuida llega con sus cubetas y trapos. El empleado municipal que empuja su carretilla con costales llenos de basura y que deja junto al recipiente mas cercano. En donde vivía antes lo que veia era al vecino de enfrente regando su grama y al guardia de seguridad que me abría la puerta. El viejo que toca esta vez me pregunta si tengo periódicos. Hay una pila de ellos en mi habitación. Se los doy. Me pregunta que cuánto es. Yo no sé cuánto cuestan las noticias y la publicidad desactualizada. Pasada de moda. Le digo que no es nada, me da las gracias y se va empujando el tróquel donde lleva una considerable cantidad de periódicos. Muy similar a la que tenía en mi anterior casa, por allá tampoco pasaba ninguno de estos viejos. Caballos salvajes, vuelve el cable a hacer interferencias. Recuerdo que no separé el anuncio de los audífonos. Espero que vuelva a salir.

3 comentarios:

Luisa dijo...

Ahh sí las cuadras de estás calles tan vivas. Tan llenas de historias :)Yo me compraría unos audífonos en la calle :) de esos que cuestan 15 quetzales, total, para esas cosas tecnológicas que al tercer día están inútiles :) Abrazo corazón

Fabrizio Rivera dijo...

Capo!!!

Narrativa alucinante!

Engler dijo...

Es que los de quince pesos no están "in" jajaja! Un abrazo chica!!!

Fabrizio, me sonrojás! Buena onda por venirte de nuevo... Un abrazo!

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