1.12.10

TOPICOS

En esta ciudad todo pronto se agota. Efecto novedad como dirían los comerciantes. Estos días me he quedado en mi habitación, abriendo y cerrando mi desfondada mesa-caja de noche. He encontrado algunos textos de mi post-adolescencia. Casi como un mal hábito, sobreviven. Entonces aquellos años eran de papel y lapicero. De desahogo puro.

Tal vez esta tarde salga y vaya al aeropuerto. No le guardo rencor. Al contrario, me alucina su capacidad de adivino. Recuerdo la vez que sentados a la mesa durante la hora de la cena, con ese aire ceremonioso con el que siempre hablaba, sentenció. Vas a ser el peor de todos. No dije nada. Esa noche antes de dormirme, lo escribí.

Nunca me interesó que pensara lo contrario. Y sí, lo soy. Es decir, soy un desastre de sueños inconclusos y qué más da. Cómo podría guardarle rencor. Terminó teniendo razón. Tal vez vaya al aeropuerto un par de horas antes de su llegada y me quede lejos, viendo los aviones pasar. Y cuando sea la hora llegaré con mi mejor sonrisa. En este país todo aquel que se digne de ser chapín debe ir alguna vez a recibir al familiar retornado.

Ha pasado ya mucho tiempo. Seguramente lo veré más gordo, con su camisa polo, su pantalón a raya y sus zapatos casuales. Como en las fotos que manda. Puedo apostar que vendrá con las maletas llenas. Cualquier retornado que se precie debe venir así.

Yo llegaré en mi bici, le diré buenas noches y le daré un abrazo. Todos sonreiremos. Estaremos de nuevo juntos, felices. Intentaré no recordar la sentencia, tal vez ya lo olvidó aunque muy probablemente al verme se de cuenta de sus palabras proféticas.

Ayer por la tarde una señora contaba que me había soñado. Decía ella que era arquitecto o ingeniero, que en sus sueños diseñaba construcciones. Si tan solo sus sueños fueran los míos y fueran realidad no tendría necesidad de intentar escribir a las dos de la mañana. Recordar y justificar para luego fingir que ya he olvidado algunas cosas.

Hace tiempo que no tengo una reunión familiar y hace tiempo también que no termino de leer un libro. Solo tengo estos textos. Sí, mejor leeré uno mientas oigo pasar los aviones. Leer ciertamente no salva a nadie de nada ni hace mejores personas. Ni mucho menos escribir. Para eso están el dinero y los retornos triunfales.

6 comentarios:

Vania Vargas dijo...

Saludos Engler. Su blog ya es una parada necesaria.

Anónimo dijo...

El dinero y los retornos ¿triunfales? tampoco salvan a nadie ni hacen mejores personas, aunque entiendo tu ironía. Pero el resto del texto parece no ser una ironía. O talvez si. Pero la siento como una ironía demasiado amarga.

En fin, como antaño en aquella ciudad bíblica, parece que el camino para no terminar convertido en sal es no ver para atrás. Y que busquen a los justos.

Cada vez me gusta más este blog.

Prado dijo...

Estos textos no se comentan, se leen y si uno puede asimilar el vergazo, puede seguir con su vida dándole clic a la x en la esquina superior izquierda.

Koan Resuelto dijo...

Engler, lo de la bicicleta es algo que te envidio, pero aún no me atrevo a andar de esa forma por acá... sigo prefiriendo moverme por la ciudad a pie.

Saludos

Engler dijo...

Vania, Anónimo, Prado... gracias a ustedes por darse la vuelta por estos confines...

Koan, andar en bici por la ciudad no es tan peligroso como suena, es mas peligroso moverse a pie y mucho mucho más rápido. Animate que hacen falta mas ciclistas en la ciudad. Gracias por la visita.

Saludos,

rafael romero dijo...

coincido con Vania y Prado, Engler. me gustaría publicar algunos de tus textos en TPA, ¿cómo le hacemos? ¿a dónde te puedo escribir? te dejo mi correo teprometoanarquia@gmail.com ¡saludos!

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